AGRUPACIÓN DE LUCHA LEONESA
Colaboraciones "LOS LUCHES, LOS LUCHES...!" (Narración sobre un desafío épico"


COLABORACIONES

APUNTES LUCHÍSTICOS

             Muchas veces uno ya ni sabe como  analizar la actualidad luchística, resulta difícil de hacer una valoración que no acabe por caer en el dramatismo, resulta difícil porque realmente la situación es tan deprimente, decadente y mala que no cabe otro análisis.

                Hace pocas fechas ya hacíamos uso también de esta página para analizar los avatares de una lucha asfixiada por innumerables males y heridas abiertas, hoy lo hacemos de nuevo con la desdicha de no encontrar siquiera un atisbo de esperanza que nos haga concebir la mas mínima ilusión por su mejoría.

                Realmente uno no sabe siquiera por dónde empezar, alguno pensará que, puesto que la desgana y el hastío han llevado a quien esto escribe a dejar de acudir a las competiciones estivales, no tiene elementos de juicio ni criterios para realizar el más mínimo análisis. Cierto es, pero no lo es menos que, por suerte o por desgracia, el estrecho contacto con los luchadores, las continuas quejas de estos y que, en los escasos corros presenciados  las evidencias son concluyentes, nos da un poco de margen   para hablar sobre el tema.

                Empezando por la base, por lo más sensible, hay datos y objetividades que no admiten ninguna discusión, el descenso de la media de luchadores por corro es de un 50 % en relación a la que había hace tan sólo unas pocas temporadas. La gráfica es concluyente y muestra una línea claramente descendente en este sentido. Las causas merecerían un análisis en profundidad y ninguna es descartable, pero hay algunas que son más evidentes y susceptibles de mejora; mala planificación y gestión de las escuelas de lucha existentes, competiciones escasas y mal organizadas, falta de previsión y errores de bulto en aspectos tan transcendentes como el transporte de los luchadores y la elaboración del calendario competitivo…  Causas todas ellas que concluyen en una disminución alarmante del número de competidores  y que se repiten temporada tras temporada sin que nadie ponga solución a ellas. Especialmente grave nos parece el reiterado fallo en las rutas de recogida de los luchadores. En las últimas temporadas es una tónica que se repite inexplicablemente, la  última vez la semana pasada en el corro de Cistierna. En esta ocasión el fallo no fue que no pasara el transporte, como en  ocasiones precedentes, sino que lo hizo con una hora de antelación en relación a lo previsto y comunicado a los clubes, con lo cual los luchadores igualmente quedaron tirados en algunas paradas. Finalmente, los que pudieron,  hubieron de desplazarse al corro en coches particulares, con el consiguiente trastorno para monitores y padres. Una vez allí, pues más despropósitos, la organización decide realizar el corro en el pabellón cubierto y habilita para ello una colchoneta exigua y a todas luces insuficiente para la lucha, por supuesto fuera totalmente de las normas reglamentarias. No es la primera vez que hay problemas en este corro, los sufridos padres tendrán en la memoria lo acontecido el pasado año allí también.

                Siguiendo el recorrido toca hablar de la lucha femenina, calendario raquítico, mínimo y criterios de desarrollo de los corros que se dejan a la voluntad de los pueblos. Ahora con la base, ahora en dos corros a la vez, ahora a las cuatro de la tarde en pleno verano, un descontrol vaya,  mientras, algún federativo llenándose la boca con que se las presta cada vez mayor atención, cualquiera diría… Gran mérito tienen las pocas que continúan saltando al corro.

                Lucha sénior, pues hombre, aquí vamos a ejercer de meros transmisores de lo que nos cuentan los propios luchadores. En primer lugar les llama la atención el exceso de personal que pulula por las mesas. Dejando a un lado a los inefables Charo y esposo, (a estos no los mueve nadie, aprobaron la oposición hace tiempo), se suman cada vez mas acólitos, curiosamente muchos de ellos fieles apoyos asamblearios de la actual directiva, no me extiendo mas en esto que me caliento…      Después están los árbitros, -al final la preparo-…, parece que hay dos familias claramente diferenciadas e identificadas en este estamento, es igual, al final el tema es que todos son tan malos y están tan faltos de criterio y de leerse el reglamento que entiendo el rebote de muchos luchadores con ellos. 

                Hay dos temas  clamorosos y graves en este apartado;  por un lado, el de la aplicación de las pasividades, ¿dije aplicación? En cualquier deporte de lucha este apartado juega un claro papel dinamizador de los combates y un elemento definitorio claro de la actitud de los contendientes, elemento que a la postre facilita la labor de los colegiados en le resolución de los empates. Pero esta gente no lo acaba de entender, en su ineptitud,  a lo más que llegan es a  largar frases del tipo, “yo, en caso de empate, al que menos pese siempre”, o esta otra, memorable también “defenderse también es atacar”.No acaban de entender que este tema ha de ser de una objetividad y de una escrupulosidad en la aplicación absoluta, y que, bien interpretado, es un elemento más que favorecedor de su labor y de la vistosidad de la lucha. Pero, claro, eso implicaría mayor atención, predisposición e implicación, ¿agotador verdad? . Después esta la inhibición descarada y hasta reconocida de uno de ellos ante el concurso de un familiar directo. Esto ya no tiene nombre, por mucho que uno de los contendientes sea tu hijo, tu hermano, tu novio… eso no es disculpa para hacer la estatua cuando toca decidir. En cualquier deporte medianamente serio esto resultaría inconcebible y se atajaría además  de manera radical, pero, amigos, esto es lucha.

                 Hay mas cuestiones, graves también, la excesiva, interminable y soporífera duración de los corros, nadie pone remedio a ello aunque algunos iluminados pregonan tener la solución, la disminución de espectadores temporada tras temporada, los terrenos en mal, en pésimo estado, (como en Manzaneda, sencillamente impresentable y causa directa de una lesión de gravedad , rotura de peroné, de un luchador que metió el pié en un hoyo), la disminución de corros, (cada temporada se cae alguno de los clásicos del calendario), la dualidad mesa- luchador e incluso mesa-luchador-árbitro que se viene dando esta temporada.  Muchos los males y pocas, o ninguna,  las medidas para paliarlos.

                Lo curioso del caso es que uno lee las crónicas de los corros y cree haber estado en un lugar diferente.  El cronista luchístico, único en su condición tras la desaparición de La Crónica y con ello de los siempre acertados y amenos artículos de Fulgencio,  parece vivir anclado en una realidad paralela idílica, dulce y libre de males. Si a eso sumamos la reducción en el espacio dedicado a la lucha en esa sección de deportes -a veces casi se agradece-, pues es otro elemento más que va en detrimento de la trascendencia y repercusión de la actualidad luchística. El relato llega a cansar y, por supuesto, oculta la verdadera realidad de nuestra lucha. Si el espacio es corto y encima se pierde en adular a los afines y las excelencias organizativas más que en transmitir la realidad de lo que hay, flaco favor se le hace a la lucha.

 

                Cada vez queda menos tiempo para hacer algo, el deterioro es tan grave, tan evidente y avanza tan rápido que cada vez queda menos margen para salvar a nuestra Lucha. Empieza a notarse, eso sí es cierto, una conciencia general de que se es conveniente, de que se necesita una renovación a todos los niveles. Esa percepción de las cosas, esa conciencia común es el primer paso, la piedra angular sobre la que ha de asentarse ese cambio.

                En ese mismo sentido hay momentos y circunstancias que, sin parecer importantes, lo son por su trascendencia y por la atmósfera en que se producen. La presentación del libro sobre la mujer en la lucha de Fulgencio Fernández en el Museo Etnográfico de Mansilla fue uno de esos momentos. Los presentes, creo que la mayoría, tomamos conciencia de la verdadera importancia de lo que tenemos en nuestras manos, el verdadero valor y representatividad de la lucha. La necesidad de trabajar y de velar por el mantenimiento de los valores esenciales de lo nuestro, la necesidad también de ser desprendidos y generosos en el esfuerzo a la hora de aportar y de sumar para conseguir ese objetivo de garantizar la transmisión de todos los valores inherentes a la lucha Leonesa. Como digo, en Mansilla, en el museo etnográfico, se dijeron cosas importantes, se vieron detalles que invitan, cuando menos, a la reflexión, ahora solo falta que todo eso se sepa y se quiera entender.

 

 

                                                   Jesús Oblanca Sánchez

      

 

 

 

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